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Nacemos siendo creativos. Hubo un período en la vida de todos y cada uno de nosotros en que fuimos… sencillamente mágicos.

«Magia», qué concepto tan inocente… ¿verdad? Difícil de atribuir a alguien adulto. Pero tan fácil de percibir en los niños. ¿Por qué la perdemos por el camino? ¿Tal vez por eficiencia? ¿Por supervivencia?

Se da un momento, los expertos lo sitúan en torno a los 7 años, a partir del cual la sociedad y la educación nos cambian y nos conducen hacia lo preestablecido. Nos hace individuos parecidos, similares, con ideas que podemos situar, digámoslo así, dentro de la «normalidad». Se nos inculcan pensamientos preconcebidos, ideas fijadas en la «mente colectiva».

Siendo bebés y niños, contamos con un enorme número de conexiones sinápticas entre neuronas. Pero a medida que crecemos, dicha cantidad se ve disminuida. Es lo que se  conoce como Poda sináptica. Mediante este proceso, se van eliminando conexiones poco empleadas para asegurar aquellas que utilizamos con mayor frecuencia. El cerebro adulto será así capaz de comprender procesos de mayor complejidad.

Aunque todo esto sea un entramado mucho más complejo desde el punto de vista científico de lo que pueda explicar aquí, sí que me lleva a una idea: ¿No es posible que llevemos a cabo una poda demasiado drástica? ¿No nos lleva a perder aspectos significativos o incluso necesarios para afrontar la vida? Entre ellos la felicidad, el entusiasmo por las pequeñas cosas.

De vez en cuando aparecen esas personas, esas extrañas mentes de «niños en cuerpos de adultos». Son personajes por lo general alegres, positivos, sumamente creativos… esa creatividad del principio, la que dejamos olvidada. Los conocemos como «locos» en algunos casos. Quizá dicha sociedad o la educación no consiguieron realizar en ellos una poda tan «profunda».

¿No tendríamos que tratar de restablecer de algún modo esas conexiones extraviadas? Unir de nuevo los «cables de colores». ¿No deberíamos volver a ser, al menos un poco más, niños?

Como bien decía cierto personaje muy nuestro:

«Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia».

 

Fuente fotografía: Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla.

 

Acerca de la autora:

elisabethlahoz-laredactorambientalMe llamo Elisabeth Lahoz, soy redactora freelance y ambientóloga. Escribo para ganarme una vida a mi manera.

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